viernes, 16 de enero de 2015

EL CALOSTRO

Tras el parto, la primera secreción que produce el pecho es el calostro. En algunas mujeres se produce incluso desde antes de dar a luz. 

El calostro es un líquido compuesto por agua, inmunoglobulinas, proteínas, vitaminas, minerales e hidratos de carbono, entre otros muchos componentes. Tiene un aspecto denso y espeso, y es de color amarillo dorado.

Cuando el bebé nace y tiene el primer contacto con el pecho, su primer alimento es el calostro.
Es muy rico en inmunoglobulinas, lo cual dota al bebé de la primera barrera de protección frente a microorganismos que va a tener en su vida. Hay que señalar que el calostro de la madre posee las inmunoglobulinas formadas como respuesta a los patógenos que están en su ambiente más cercano; son los que están en contacto con la madre, y por tanto también estarán en contacto con su hijo si permanecen juntos.  Es muy importante el papel que juega el calostro para prevenir la enterocolitis necrotizante, una peligrosa enfermedad que puede afectar a los neonatos. También es muy rico en minerales y vitaminas, y tiene una cantidad mucho mayor de proteínas que la leche madura. Entre estas proteínas están la transferrina y la lactoferrina , que se encargan de transportar el hierro a los glóbulos rojos. Además de estos componentes, posee otros muchos más, preparados para promover la defensa y el correcto desarrollo de su pequeño organismo.

El estómago del bebé es muy pequeño, cuando nace tiene un tamaño no mayor de una canica. Por tanto, la cantidad de alimento que admite es muy pequeña también, es normal que los bebés hagan tomas cada poco tiempo y tomen muy poca cantidad de cada vez.
El calostro está preparado para esta situación: es muy rico en nutrientes para que simplemente tomando esa pequeña cantidad sea suficiente para nutrir al recién nacido y proporcionarle el alimento que necesita en sus primeros días de vida; por esta razón, y por su color, se le denomina "oro líquido".

La producción de leche es un mecanismo que se pone en marcha tras la expulsión de la placenta, gracias a la succión del pezón. Para que la formación de leche sea eficaz y se lleve a cabo es muy importante que estas tomas se hagan frecuentemente. La naturaleza ha diseñado muy sabiamente este proceso, para que la leche vaya madurando a medida que el niño mama, y mientras esto ocurre, se nutre del calostro, que le da protección frente a patógenos y le ayuda a madurar su organismo inmaduro. 

Es muy común que a los recién nacidos se les den biberones de leche artificial porque se tiene la creencia de que hay que dar un alimento extra hasta la primera subida de la leche, aunque siempre y cuando las tomas sean frecuentes, el agarre al pecho sea correcto y haya una transferencia eficaz, y el niño tenga libre acceso al pecho, esto no sería necesario. 
Como hemos dicho antes, el estómago del bebé en sus primeros días es muy pequeño. Si lo llenamos de leche artificial va a tardar mucho más tiempo en hacer la digestión que si tomara el pecho. Durante este tiempo ni va a estimular el pecho, ni va a tomar el calostro, que es el alimento que la naturaleza preparó para él. 

Por eso debemos dejar actuar a nuestro organismo, y ver las señales que nos manda nuestro bebé. Si confiamos en nuestro cuerpo nos daremos cuenta de que nosotras como madres tenemos todo lo necesario, y lo mejor, para alimentar a nuestro hijo.



jueves, 18 de diciembre de 2014

LA ALIMENTACIÓN COMPLEMENTARIA

Durante los primeros meses de la vida del bebé, debe alimentarse de leche, sin ser acompañada de zumos, agua e infusiones. Pero llega un momento en el que deja de ser exclusiva. 

Según la OMS y la AEDP, la lactancia materna debería ser exclusiva al menos hasta los 6 meses, y a partir de entonces, acompañarse de alimentación complementaria. Es importante mantener la lactancia materna por lo menos hasta los dos años del bebé.

Debemos estar atentos a ciertas señales que nos indican que el bebé está preparado para empezar a tomar otros alimentos: 
- Sabe sentarse sólo y sujetar su cabeza sin ayuda. 
- Tiene interés por los alimentos. 
- Coordina sus movimientos para llevarlos a la boca.
- Ha perdido el reflejo de extrusión. 

La alimentación a partir de los 6 meses es complementaria, y como su nombre indica, complementa a la leche materna. La leche debería ser el alimento principal hasta el año de edad, por tanto, todos los sólidos que le demos a nuestro bebé se deben dar siempre después de dar el pecho, y nunca deberían sustituir una toma de leche. Primero daremos el pecho y luego ofreceremos la comida, para que tome lo que le apetezca; es un error sustituir tomas de leche por alimentos, ya que la leche materna es más completa y rica nutricionalmente que los sólidos que le demos. 

Aunque es importante esperar a que nuestro bebé esté preparado para tomar otros alimentos aparte de la leche, en ningún caso deberíamos ofrecérselos antes de los 4 meses, ya que su organismo todavía es inmaduro y no está preparado  para asimilarlos; con ello aumentamos el riesgo de intolerancias alimentarias.

En ocasiones recibimos el consejo de introducir alimentos antes de los 6 meses, sin que el bebé cumpla los requisitos de madurez para tomarlos. Normalmente suele ser porque se cree que adelantando la AC vamos a conseguir que nuestro hijo aumente más su peso. 
En el caso de que haya un problema real por el que el niño no se está desarrollando de forma adecuada, habría que detectar cual es su causa y corregirla, aumentando su ingesta de leche (materna o artificial).
Si no hay un problema con el desarrollo del bebé y éste toma la leche que necesita y aún así es un bebé delgado, no hay motivo para adelantar la introducción de la AC, ya que no aumentará peso por muchos alimentos que ofrezcamos. 
No debemos confundir delgadez con enfermedad. La delgadez sería un posible síntoma a tener en cuenta a la hora de valorar la presencia de una enfermedad, y siempre dentro de un conjunto de valores. En ningún caso nuestro hijo estará enfermo por estar delgado. Recordemos que los percentiles infantiles simplemente nos ayudan a determinar donde está posicionado nuestro hijo con respecto a otros 99 niños de su edad. 

A lo largo de los últimos 6 meses del primer año de vida del bebé, las reservas de hierro y zinc del cuerpo del niño empiezan a disminuir. Ya que la leche es deficitaria en estos minerales, conviene ofrecer alimentos ricos en ellos. 

Conviene recordar que los alimentos deben ofrecerse, nunca obligar al bebé a comer en contra de su voluntad, ya que sus necesidades calóricas y nutricionales están cubiertas con la leche materna. La AC, aunque en parte les nutre, es una manera de que empiecen a relacionarse con la comida.  

No son recomendables ciertas prácticas relativamente habituales:
- Ponerles el chupete después de darles una cucharada: les estamos obligando a tragar en contra de su voluntad, de esta manera se fomenta la obesidad.
- Ofrecer biberón de papilla de cereales: es más cómodo para los padres pero no es aconsejable porque se aumenta el riesgo de caries y obesidad. 
- Dar de comer con la televisión: intentaremos no entretenerles para qué tenga conciencia plena de lo que comen en casa momento. 
- Coacciones o amenazas.

Con respecto a la forma de ofrecer los alimentos, no es necesario comenzar a dar purés. Si hemos respetado el ritmo de nuestro bebé a la hora de comenzar su alimentación, él sabrá gestionar fácilmente el alimento en su boca; si ha perdido el reflejo de extrusión, será capaz de toser para expulsar un alimento para no atragantarse.
No obstante es muy importante ofrecer alimentos adaptados a su edad y capacidad, ser coherentes con su alimentación, y por supuesto, estar siempre presentes mientras los bebés comen para evitar cualquier situación de peligro. 
Los alimentos deberán ser siempre sanos, sin azúcar ni sal añadidos. Es un buen momento para comer todos juntos a la mesa, hacer una alimentación sana, y ofrecer a nuestro bebé los alimentos que comamos nosotros, que por su edad y capacidad pueda tomar; así conseguiremos que nuestro hijo tenga una buena relación con la comida. 
Y por supuesto, no debemos olvidar que es un bebé, y va a comer una cantidad de comida adaptada a sus necesidades calóricas, que son más bajas que las de un adulto.







miércoles, 10 de diciembre de 2014

MI PECHO VUELVE A ESTAR BLANDO...¿HE DEJADO DE PRODUCIR LECHE?

Esta duda suele asaltar a muchas madres, es uno de los mitos más extendidos sobre la lactancia materna. Pero no es más que una falsa creencia, aunque en ocasiones ha llevado a muchas mujeres a terminar con su lactancia demasiado pronto. 

El pecho es un órgano cuya principal función es la de producir leche. Pasa muchos años de su vida inactivo, y cuando se pone en funcionamiento tarda un tiempo en regular su producción. 

La generación de leche en los primeros meses de lactancia se ve influenciada por los altos niveles de prolactina que existen en el organismo. A medida que va pasando el tiempo, los niveles hormonales de la mujer vuelven a regularse y la lactogénesis deja de depender de la hormona prolactina, y pasa a depender de que se produzca un correcto vaciado del pecho. Así, cuanto más se vacía el pecho, mayor producción de leche. 

Es común los primeros días que los pechos siempre estén llenos de leche tanto si se tiene estímulo como si no, más aún cuando pasa un rato desde que el bebé tomó por última vez. En ocasiones se puede producir una ingurgitación mamaria, que suele ser más común cuando "sube la leche" por primera vez. Esto se corresponde con un llenado del pecho acompañado por una inflamación.
Nuestro organismo es muy sabio, y estos primeros meses de lactancia le sirven de entrenamiento para dar tiempo a las mamas a regular su producción de leche a la demanda real del bebé. Iremos comprobando como cada vez nuestros pechos se van llenando menos y pasamos de notar "subidas de leche" de forma espontánea, a notarlas únicamente después de que nuestro hijo succione el pecho durante unos minutos.

La producción se suele regular en torno a los 3 meses. Cuando notan esto, muchas madres piensan que su pecho ha dejado de formar leche; antes lo notaban siempre lleno, incluso goteaba, y ahora nunca ocurre. Lejos de esto, la realidad es que ahora los pechos están funcionando a pleno rendimiento, y la cantidad de leche que se produce se ha adaptado perfectamente a la demanda del bebé, es decir, sólo se produce leche cuando el niño mama, y exactamente en la proporción que necesita en ese momento.  
Por supuesto, es necesario seguir ofreciendo el pecho cada vez que el bebé lo demanda, muchas mujeres caen en el error de interpretar esta señal como un descenso de su producción de leche, e intentan compensarlo dando suplementos de leche artificial; de esa manera sí podemos disminuir la producción de leche.

Llegados a este punto, debemos alegrarnos de que nuestro cuerpo haya alcanzado este equilibrio. Son metas que vamos cruzando y nos ayudarán a que cada vez la lactancia sea más fácil y placentera.

jueves, 27 de noviembre de 2014

REUNIÓN DEL MES DE NOVIEMBRE DE AMAMAR

Desde AmAmAr queríamos recordaros nuestra próxima reunión, que tendrá lugar el próximo viernes 28 de noviembre, a partir de las 17:30 de la tarde en el Centro Cívico El Pilar (c/ San Antón s/n).
Estaremos encantadas de recibiros con vuestros familias para pasar una tarde animada y, por supuesto, resolver cualquier duda que tengáis. 
Os recordamos que podéis ser socias de AmAmAr y colaborar con nosotras con vuestra aportación. El viernes os informaremos con más detalle. 

Gracias de antemano, 

LAS GRIETAS

Una de las dificultades que a menudo se nos plantea en nuestra lactancia son las grietas. Pueden producir mucho dolor y llegar a comprometer seriamente la continuidad de la lactancia de muchas mujeres.

Las grietas son heridas, de mayor o menor grado, que aparecen en los pezones o areolas tras dar de mamar a nuestro hijo. Son muy dolorosas y en muchas ocasiones son causa de abandono de la lactancia.

Dar el pecho no debe doler nunca. El tener grietas o dolor, por el contrario de lo que se suele pensar, no es ni normal, ni debemos acostumbrarnos a ello. Si nos ocurre, debemos buscar la causa de su aparición y solucionar el problema. 

Las grietas pueden aparecer por varias razones, y una de las principales, es adoptar una postura inadecuada a la hora de dar el pecho. Durante una buena toma, el pezón llega hasta una gran profundidad de la boca del bebé, y este exprime la areola, que tiene metida entera en la boca. Cuando damos el pecho en mala posición es habitual que el niño agarre sólo el pezón y lo apriete con las encías, entre la lengua y el paladar duro, o tire de él. Ésto termina ocasionando la formación de grietas tras unas pocas tomas. 
Una mala postura se consigue cuando no nos colocamos bien al niño al pecho ( hay muchas posiciones que podemos adoptar, pero tanto nosotras como el bebé siempre debemos estar cómodos; su cabeza alineada con el cuerpo, su cuello ligeramente hacia atrás, bien pegado al pecho, su boca bien abierta y los labios evertidos ).
 También puede ocurrir cuando hemos introducido precozmente el chupete o biberón y el recién nacido tiene una confusión pezón-tetina: el chupete, al contrario que el pecho, se toma con la boca cerrada para que no se escape, el problema surge cuando el niño toma el pecho igual que el chupete.
A veces estas grietas pueden aparecer por la existencia de frenillo sublingual corto, micrognatia o retrognatia. Algunas de estas características anatómicas en ocasiones pueden solucionarse con el simple desarrollo del bebé, aún así podemos ayudarnos utilizando algunas posturas para dar el pecho o maniobras que nos ayuden a que el niño tenga un mejor agarre y poder evitar la aparición de grietas. 

Una vez que las grietas existen, si queremos que desaparezcan debemos solucionar primero la causa que las ha producido.
Generalmente, con ayuda podremos corregir defectos en la posición que tiene nuestro hijo al mamar; si el problema es el frenillo sublingual y no se puede o quiere reparar quirúrgicamente, hay diferentes posturas y técnicas para minimizar las molestias. 
Cuando hemos detectado la causa y le hemos puesto remedio, en poco tiempo la grieta se curará, ya que la boca del bebé dejará de hacer fricción y presión en la zona que estaba dañada. 

Mientras existe la grieta podemos cuidarla como cualquier otra herida. Debemos mantenerla limpia y seca, a poder ser al aire. Para esto son muy adecuadas las conchas aireadoras de lactancia, que van a ayudar a evitar roces y recogen la leche que en ocasiones escurre del pecho. 
Es interesante limitar el uso de discos de lactancia, ya que la piel se puede macerar al permanecer tapada y húmeda. 

Existen diversos remedios y cremas de lanolina para el cuidado de los pezones, pero no curan las grietas. Estas cremas sirven para hidratar y suavizar la piel irritada, tanto de los pezones como de otras zonas del cuerpo ( labios en invierno, nariz durante un catarro, nudillos de las manos, etc... ), pero en ningún caso sirven para curar. La lanolina es grasa de lana de oveja purificada. Su aplicación en una herida, además, dificulta su cicatrización, ya que forma una capa oclusiva. 
Otro remedio popular son las pezoneras de cera de abeja. Tampoco curan, y no es recomendable su uso porque pueden contener esporas de botulismo. 

Durante el embarazo, tampoco es necesario preparar la piel de los pezones para dar el pecho: ni masajearlos para hacerlos elásticos ni frotarlos para que la piel se endurezca. Los pechos vienen preparados para lactar, y siempre que no haya ningún problema, no tienen porque sufrir ningún daño por el simple hecho de amamantar.

Las grietas son un obstáculo que no tiene porqué ser insalvable. Antes de plantearse un abandono de la lactancia debemos guiarnos por los profesionales de salud formados en lactancia y grupos de apoyo que tenemos cerca; son los más indicados para ofrecernos las claves de la solución a este problema.


lunes, 24 de noviembre de 2014

EL FRENILLO CORTO O ANQUILOGLOSIA

El frenillo corto o anquiloglosia es uno de los principales obstáculos para llevar a cabo una lactancia eficaz y satisfactoria, tanto para la madre como para el bebé.

El frenillo consiste en una membrana que ancla la zona inferior de la lengua al suelo de la boca. Cuando el frenillo es corto y no permite que la lengua realice la totalidad de movimientos es cuando se denomina anquiloglosia. 

Hay 4 tipos de frenillos: Los tipos1 y 2 son frenillos evidentes, membranas que se ven a simple vista; se insertan de forma anterior en la parte más externa de la lengua. Los tipos 3 y 4 tienen inserción posterior y son submucosos, es decir, forman parte de la lengua (no son membranas independientes) y son difíciles de detectar, ya que no se ven a simple vista.

Es muy importante que la lengua tenga movilidad total para realizar un buen acoplamiento al pecho y que se produzca una transferencia de leche eficaz. Si esto no es posible, pueden producirse problemas en la lactancia tanto en la madre como en el recién nacido.
La lengua del bebé debe sobresalir por fuera de la encía inferior y abrazar la parte baja de la areola, y realiza un movimiento ondulante para vaciar la areola y el pezón en la boca. En un buen agarre, debe haber una buena porción de pecho en la boca del bebé, la boca debe estar bien abierta y los labios evertidos.
Cuando existe anquiloglosia, los bebés normalmente no pueden protuir la lengua ni hacer el movimiento ondulante para vaciar el pezón, y el pecho se les escapa de la boca. Para evitarlo suelen mamar con la boca más cerrada, apretando con las encías y labios; por esta razón suelen mamar sólo tomando el pezón.

En la madre, esta forma de mamar puede producir dolor, grietas o síndrome de Raynaud. Esto a su vez puede llevar a la aparición de mastitis agudas y subclínicas, perlas de leche u obstrucciones, hipogalactia por no obtener la suficiente estimulación, o incluso hipergalactia como mecanismo compensatorio. Aparte, puede resultar agotador tanto física como emocionalmente para la madre, ya que puede sentir mermada su capacidad para alimentar a su bebé de forma satisfactoria para los dos.

En el bebé se producen tomas muy largas y frecuentes, aunque escasamente productivas. El bebé engorda poco y lentamente, y llora con frecuencia. Estos bebés suelen tener gases y dolor, porque no hacen un sellado perfecto con la boca en el pecho, y tragan aire. Como la estimulación es anómala, las madres pueden tener varios reflejos de eyección durante la toma, los bebés toman mucha leche del inicio de la toma que es más rica en lactosa; pueden hacer cacas explosivas y verdosas. 

No todos los bebés que tienen anquiloglosia maman mal, y producen daños en el pecho de la madre. Si existe frenillo y no hay ningún tipo de problema no hace falta intervenir.

Si por el contrario existe algún obstáculo, podemos intentar ayudarnos a que las tomas sean más eficaces y menos dolorosas con ciertos trucos: dar el pecho en la postura de caballito o el agarre espontáneo podrían ser útiles. También podemos hacer compresión del pecho para optimizar la toma. Igualmente, siempre debemos intentar que el agarre y posición sean correctos, y corregirlos cuantas veces haga falta. 

La corrección del frenillo tipo 1 y 2 se denomina frenotomía, y se puede hacer en consulta, de forma ambulatoria y sin ningún tipo de anestesia, ya que este tipo de frenillos están poco inervados y vascularizados. Sin embargo, los frenillos 3 y 4 requieren una reparación quirúrgica llamada frenectomía, y se realizan en quirófano bajo anestesia general. 
Lo más indicado en cuanto los frenillos cortos se intervienen es colocar al niño al pecho lo antes posible. Casi todas las madres notarán una mejoría inmediata que las animará sin ninguna duda a continuar con su lactancia con energías renovadas.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

EXTRACCIÓN Y CONSERVACIÓN DE LECHE

Extracción de leche materna

En ocasiones es necesario que las madres se extraigan leche para dársela a su bebé si van a estar ausentes, por ejemplo, en la reincorporación al trabajo. 
Es necesario sacarse la leche tanto para vaciar el pecho en las horas en las que no estamos juntó al bebé, como para no disminuir la extracción y que la producción de leche siga siendo la suficiente. 

Es bastante normal no obtener mucha cantidad de leche las primeras extracciones. La cantidad de leche que obtenemos nunca es sinónimo de la cantidad que producimos. El bebé tiene más facilidad para sacar la leche que necesita del pecho; al fin y al cabo la lactancia es un mecanismo perfeccionado durante miles de años.Como cualquier técnica, practicando es como obtendremos mejores resultados.

Podemos utilizar la extracción manual o un sacaleche. 

La extracción manual es una técnica que puede resultar muy efectiva. Antes de empezar debemos lavarnos bien las manos, y a continuación estimularemos el pezón masajeándolo suavemente. Colocaremos el dedo pulgar encima del pezón, y los dedos índice y corazón debajo, en forma de C. Seguidamente empujamos el pecho con la mano hacia atrás, hacia la pared torácica. Después, volvemos a llevar la mano hacia delante mientras apretamos los dedos con suavidad. Es necesario hacer esta serie de movimientos de forma rítmica para obtener leche. 

Si decidimos utilizar un sacaleche, podemos optar por uno manual o eléctrico. 
Los sacaleches funcionan creando un vacío y succionando la leche contenida en el pecho. 
El uso de los manuales es más engorroso, incluso la succión puede ser dolorosa. Sin embargo, los sacaleches eléctricos actuales suelen ser bastante fáciles de usar y la succión normalmente no es molesta. 

En cualquier caso, la extracción de leche no es tan productiva como una toma del bebé, por eso podemos utilizar trucos para optimizarla. 
- Extraerse leche en las tomas nocturnas cuando los índices de prolactina están más altos puede ayudarnos a obtener más cantidad de leche.
- Extraernos de un pecho mientras el bebé mama del otro, para así aprovechar el reflejo de eyección. 
- Mirar una foto de nuestro bebé, u oler su ropita puede ayudarnos a acelerar el proceso. 

En cualquier caso, no es conveniente intentar sacarse leche durante un intervalo de 20 minutos a media hora; el pezón sufre y no vamos a conseguir más cantidad por estar más rato. Es mejor intentarlo más veces durante poco tiempo. 

Conservación y manejo de la leche materna

Una vez que tenemos la leche extraída podemos conservarla fresca para consumir en el día o días posteriores o congelarla. 
Si decidimos conservarla fresca, la Liga de la leche nos recomienda unas pautas para su consumo y conservación: 
- Calostro: 
A temperatura ambiente 27 - 32 grados, de 12 a 24 horas.
- Leche madura: 
    ~A 15 ºC: 24 horas
    ~A 19 - 22 ºC: 10 horas
    ~A 25 ºC: de 4 a 8 horas
    ~Refrigerada entre 0 y 4 ºC (en nevera): de 5 a 8 días

Las recomendaciones de conservación de la Liga de la leche en el caso de leche congelada son las siguientes 
     ~ En un congelador dentro de la misma nevera: 2 semanas.   
     ~ En un congelador que es parte de la nevera pero con puerta separada (tipo combi): 3 -4 meses. (La temperatura varía según lo frecuentemente que se abra la puerta)
     ~ En un congelador separado, tipo comercial con temperatura constante de -19 grados C : 6 meses o más.

La leche puede conservarse en recipientes de plástico de uso alimentario o en las bolsas específicas para conservación de leche materna. 
La leche de varias extracciones puede mezclarse una vez que esté a la misma temperatura. Podemos meterla en la nevera en el envase en el que la extraemos y una vez fría la leche de varias extracciones pasamos el contenido de todos los envases pequeños a uno más grande.
Cuando le demos la leche a nuestro bebé es conveniente no calentar mucha cantidad; una vez que la leche entra en contacto con la saliva del niño, si decide no tomarla toda tendremos que desecharla. 
Por esa razón, si vamos a congelarla, es recomendable separar la leche en pequeñas cantidades (50-60 ml). Si la tenemos fresca seguiremos la misma pauta, separar una pequeña porción para calentarla.
A veces, después de congelar la leche, sabe mal y los bebés no quieren tomarla; esto pasa porque la lipasa de la leche se degrada durante el proceso de congelación. Si queremos evitar esto, podemos escaldarla antes de congelarla.